“No significa iluminar más, sino iluminar mejor”

¿Tomamos como algo normal el hecho de que en medio de la ciudad apenas podamos ver decenas de estrellas? ¿Por qué cuando nos alejamos de los centros urbanos aparecen miles de objetos que antes ni advertíamos?

Del 5 al 12 de abril se lleva a cabo la Semana Internacional de los Cielos Oscuros, una iniciativa que busca «promover la protección de la oscuridad del cielo nocturno y crear conciencia pública sobre los múltiples problemas que trae la contaminación lumínica, no solamente para la astronomía y el disfrute del cielo estrellado, sino también para la salud humana, la vida silvestre y los recursos energéticos«, comienza explicando Andrea Sosa Oyarzabal remotamente para Vuelta por el Universo. Ella es Doctora en Física y trabaja en el Observatorio Astronómico del Centro Universitario Regional del Este, cerca de la ciudad de Rocha. La fecha, cuenta, no es casual sino que se enmarca «entre las fases lunares menguante y nueva, es decir en noches sin la iluminación natural de la Luna durante al menos la primera parte de la noche«.

Aumento de la iluminación en la Península Ibérica entre 1992 y 2010

Las metrópolis y zonas suburbanas en general han crecido a un gran ritmo en las últimas décadas. Junto con ese crecimiento de superficie y población vienen una larga fila de problemas, y uno de ellos -como bien podemos observar en el cuadro de arriba- es la contaminación lumínica. «Es causada por el uso excesivo o inadecuado de luz artificial durante la noche, y constituye una de las formas más generalizadas de contaminación ambiental. Es la suma de todos los efectos adversos de la luz artificial nocturna. La contaminación lumínica es el resultado de luminarias exteriores pobremente diseñadas que envían un porcentaje significativo de luz por encima de su horizonte, y en consecuencia envían luz en dirección al cielo, desperdiciando además energía eléctrica. Esa luz es dispersada por las moléculas del aire o por partículas de aerosoles presentes en la atmósfera de la Tierra, causando un aumento en el brillo del cielo nocturno y disminuyendo en consecuencia la visibilidad de las estrellas por reducción del contraste», advierte Sosa. «La contaminación lumínica ha venido creciendo significativamente en muchos países desde el final de la Segunda Guerra Mundial por la proliferación del alumbrado de calles, de infraestructuras (fábricas, puertos, estadios deportivos, etc) y de la iluminación ornamental – desde el suelo – de edificios de valor histórico o arquitectónico».

Vista general de la contaminación lumínica en el mundo (vía Atlas Mundial del Brillo Artificial del Cielo Nocturno)

Andrea recomienda el “Atlas Mundial del Brillo Artificial del Cielo Nocturno”, donde se puede apreciar qué zonas son las más afectadas por esta contaminación y cuáles otras aún están libres o casi libres. En Sud América vemos la mayor concentración en las costas del Océano Atlántico y en las costas caribeñas de Venezuea y Colombia. Tanto Europa central como la costa este de Estados Unidos presentan un índice de contaminación altamente preocupante, pero ¿en qué afecta esto a la astronomía?

«Sin cielos oscuros los astrónomos no podrían detectar desde la superficie terrestre las débiles señales de luz provenientes de objetos distantes en el espacio exterior. Por ello los cielos oscuros son un recurso científico de importancia critica para estudiar y comprender el universo. Pero el problema de la contaminación lumínica del cielo no solamente afecta a los astrónomos: los cielos oscuros constituyen una parte importante del patrimonio cultural y natural de todas las civilizaciones humanas. Nuestros ancestros contemplaron un cielo nocturno inspirador de ciencia, de filosofía, de arte… Hoy se estima que una tercera parte de la población mundial –incluyendo millones de niños– no ha visto nunca la Vía Láctea. De acuerdo a datos de la IDA (Asociación Internacional de Cielo Oscuro, en inglés), un 83% de la población mundial vive bajo un cielo contaminado por luz artificial, y dicha contaminación está aumentando en más de un 2% cada año a nivel global. Dicho porcentaje representa el doble del crecimiento de la población mundial. La progresiva degradación de la calidad del cielo nocturno debe considerarse entonces como la pérdida fundamental de un patrimonio científico, cultural y ambiental de la humanidad

¿Y cómo lo solucionamos?

«De las distintas formas de contaminación ambiental que existen, la contaminación lumínica es la más fácilmente reversible: basta alumbrar adecuadamente (¡o apagar un interruptor!)», asegura Andrea. «El apantallamiento inadecuado de luminarias exteriores envía la luz de forma directa hacia el cielo en vez de dirigirla solamente hacia la superficie (suelo) a iluminar. La luz artificial intrusa escapa de los límites del espacio para el cual fue diseñada la luminaria, causando molestia, distracción, deslumbramiento y reducción en la capacidad de ver información esencial, ademas del desperdicio energético. La IDA estima que al menos un 30% de toda la luz exterior en los Estados Unidos es desperdiciada hacia el espacio (y por ende contamina el cielo) debido a un apantallamiento inadecuado o inexistente de las luminarias».

Que se desperdicie un 30% de la luz emitida es un dato relevante y de impacto, muchas veces hablar de cómo afectan los errores de diseño a lo económico es la forma más efectiva de lograr que se atienda el problema rápidamente. La tecnología LED se ha popularizado en las ciudades, más que nada por ser más barata, pero ¿basta con cambiar de bombilla a LED para empezar a hacer el cambio?

En 2015, la Av. 18 de julio de Montevideo renovó su alumbrado público con tecnologia LED.

«Lamentablemente, los LED más utilizados -por su bajo coste relativo- son los de luz blanca que tienen un fuerte componente azul en su espectro, y por ello se difunden más en la atmósfera, contaminando mucho más el cielo que, por ejemplo, las tradicionales lámparas incandescentes de sodio con su luz anaranjada. El hecho de que las luces LED blancas sean relativamente económicas hace que tiendan a instalarse más de las necesarias, y también a usar más potencia o intensidad de la necesaria. Pero además de la intensidad también importa el color y el espectro de las luminarias: los espectros electromagnéticos de las fuentes de luz artificiales pueden contaminar los espectros de los objetos astronómicos. Las luces LED blancas tienen un espectro más ancho y por tanto más difícil de filtrar que los espectros de las lámparas tradicionales de sodio. Estas luces, de colores más cálidos, también tienen la ventaja frente a las LED blancas, de poseer un espectro con bandas relativamente estrechas que se pueden filtrar más fácilmente durante las observaciones astronómicas.»

Para complementar, Andrea destaca algunas recomendaciones de la IDA para la iluminación de espacios exteriores:

  • Elegir luminarias correctamente apantalladas. Con la luz direccionada por debajo de su horizonte.
  • Utilizar luces LED pues son más eficientes en convertir energía eléctrica en luz, y sus costos van en descenso, pero evitar las luces frías o blancas por su mayor componente azul.
  • Utilizar lámparas de luz cálida o ámbar para minimizar la emisión de luz azulada.
  • Utilizar un “alumbrado -inteligente” incorporando dispositivos de control como temporizadores, reguladores de intensidad y sensores de movimiento.
  • Sólo iluminar donde y cuando hace falta.
  • Sólo iluminar el espacio exacto y en la cantidad requerida según la función.
El apantallamiento adecuado ayuda a evitar la contaminación y aprovechar mejor los recursos públicos.

Cuando se quieren hacer cambios de diseños en lo macro, siempre hay que empezar por lo micro, pero a veces es difícil encontrar quién dé ese primer paso. En ese sentido, Sosa destaca la adecuación que se hizo en el Aeropuerto de los Rodeos en Tenerife, Islas Canarias: «luego de un recambio de las luminarias, cuyo costo de inversión se amortizó  en el primer año por el ahorro energético, el clásico ‘champignon’ blanco o ‘cúpula’ de contaminación lumínica que se forma visto desde cierta distancia sobre un centro poblado contaminado lumínicamente desapareció, y desde dicho aeropuerto empezaron a distinguirse las estrellas, lo cual no era posible antes de la adecuación.  Debemos tener presente que la contaminación lumínica es reversible, y que una buena iluminación exterior no significa iluminar más, sino iluminar mejor«, asegura.

El impacto negativo más allá de la (no) observación del cielo

«El exceso de luz artificial es una amenaza silenciosa a la salud humana y a la vida silvestre. La vida ha evolucionado en la alternancia cíclica del día (luz natural) y de la noche (oscuridad). No debe sorprender entonces que el ‘barrido’ incontrolado de la oscuridad nocturna altere la salud física y psicológica de seres humanos y animales. No solo la fisiología animal es afectada; también lo es la humana pues incide en nuestros ritmos circadianos de aproximadamente 24 horas, alterando nuestros reguladores del sueño y la regeneración celular. De acuerdo a varias publicaciones científicas y documentos de la IDA y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay evidencia creciente de trastornos del sueño, depresión, aumento de peso y diabetes en áreas altamente contaminadas por luz artificial. Ciertos cánceres de origen hormonal se presentan significativamente en mayor cantidad en áreas contaminadas por luz artificial, lo cual se relaciona con la necesidad de la oscuridad para que la glándula plineal produzca melatonina, agente de nuestro sistema inmunitario. También está demostrado que la contaminación lumínica altera el crecimiento de las plantas, y afecta a especies terrestres y marinas, aves migratorias, murciélagos, anfibios, reptiles, insectos como luciérnagas, etc.«

«También es relevante aquí la frecuencia, longitud de onda o color de la luz: los ciclos biológicos humanos tienen un máximo en torno a los 480 nm. Por ello son menos perjudiciales, desde el punto de vista de la salud y del medio ambiente, las luces cálidas que presentan máximos de emisión en longitudes de onda mayores y por tanto no se superponen con los máximos de los ritmos circadianos«, agrega Andrea.

Con estos estudios sobre la mesa, uno puede comenzar a tomar dimensión de todo el impacto que genera sobre la población esta «amenaza silenciosa», como bien la llamaba la Doctora Sosa Oyarzabal. Por suerte para nosotros estas malas costumbres en cuanto a diseño urbano se pueden revertir de forma relativamente sencilla, solo es cuestión de disponer de información, herramientas y -sobre todo- voluntad.

La situación de Uruguay hoy en día

Cuando pensamos en las mejores zonas para ver el cielo nocturno en nuestro país la respuesta parece lógica: ¡cualquier lugar fuera de Montevideo! Pero vayamos por partes, porque para «contar» la contaminación en el cielo primero hay que definirla y hablar de escalas.

«Definamos que entendemos por un cielo nocturno oscuro: es aquel que brilla únicamente en forma natural debido a la débil emisión de moléculas de la atmósfera terrestre y al brillo tenue de fuentes naturales de luz como la luz zodiacal y el gegenschein (luz solar dispersada por partículas de polvo interplanetario concentradas alrededor de la eclíptica), la Vía Láctea y objetos celestes difusos. Por supuesto, la oscuridad natural del cielo debe evaluarse en ausencia de luz lunar y al finalizar el crepúsculo astronómico (cuando la radiación solar refractada por la atmósfera ya no puede llegar a nuestra visual).»

«Un cielo oscuro natural, no contaminado, corresponde a la clase 1 en la escala cualitativa de Bortle. En estos cielos prístinos puede apreciarse una Vía Láctea rica en detalles, y entre 5.000 y 6.000 estrellas visibles a simple vista hasta una magnitud estelar aproximada de 7. En el otro extremo de la escala, la clase 9 corresponde a los cielos más contaminados, propios de los centros urbanos más poblados, donde la Vía Láctea ha desaparecido, y solamente unos pocos astros de primera magnitud pueden ser percibidos a simple vista.»

Si te asomás por la ventana de tu casa, o salís a tu patio, en plena noche, ¿podés observar con claridad la Vía Láctea o con suerte algunas pocas estrellas y listo? Como ya dijimos al principio de este artículo, Andrea trabaja actualmente en el Observatorio Astronómico del CURE en Rocha. El mismo fue inaugurado en setiembre de 2016, y su ubicación no fue casual.

Cielo nocturno en el este de Uruguay

«En el departamento de Rocha podemos aún disfrutar de la contemplación de un cielo oscuro en lugares situados en las sierras, como Parallé o India Muerta, en áreas rurales de Lascano y Castillos, o en lugares de la costa atlántica, como balnearios cercanos a Cabo Polonio o Barra de Valizas (por ejemplo el ‘Cerro de la Buena Vista’), o en ciertos puntos pertenecientes a áreas protegidas como la laguna Garzón y laguna de Rocha», asegura Sosa. Cualquiera que haya tenido el gusto de pasar algunos días por aquellas zonas y que luego haya vuelto a una metrópolis o centro urbano puede entender de primera mano la diferencia que la contaminación lumínica hace en el cielo.

«Aclaramos que en este contexto entendemos por cielo oscuro aquel con una contaminación lumínica muy baja, limitada como máximo a unos pocos grados por encima del horizonte, y sin fuentes de luz directas. Cada vez es mas difícil encontrar en la faz del planeta lugares con cielos oscuros naturales o prístinos, donde la contaminación lumínica sea nula«, agrega.

Andrea recomienda también revisar el atlas mencionado antes para identificar las regiones geográficas de cielo más oscuro en Uruguay.

Al hablar de las costas de Rocha, de mirar el cielo en vacaciones y demás, surge una posible estrategia para apalear la contaminación lumínica: el turismo.

«El turismo astronómico, también conocido como astroturismo, es una modalidad innovadora de turismo sostenible y responsable que combina la observación del cielo con otras actividades relacionadas con la astronomía y las ciencias en general, así como con la cultura y de la naturaleza. El turismo astronómico se basa en un recurso natural gratuito e infinitamente renovable, disponible los 365 días del año: el cielo nocturno, y por lo tanto constituye una herramienta que ayuda a la preservación de este recurso hoy amenazado por la contaminación lumínica.»

La Doctora también rescata otros beneficios del llamado astroturismo, por ejemplo que «es un motor de desarrollo socio-económico (especialmente para áreas rurales) y creador de empleo de calidad, fomentando el arraigo. Es un turismo de bienestar, ya que se desarrolla en lugares con contaminación ambiental nula o muy baja. Contribuye a la revalorización del patrimonio natural, cultural, científico, histórico, geológico, paleontológico y etnográfico«.

«Como parte de sus actividades de extensión universitaria, el Observatorio Astronómico del CURE ha estado promoviendo desde 2017, con el apoyo de la Unidad de Educación Permanente del CURE, el desarrollo de esta actividad en la región Este (y desde 2021 también a nivel nacional) junto a la Magister Fabiana Guadalupe, organizando e impartiendo cursos de capacitación dirigidos a emprendedores turísticos, a guías de áreas naturales o protegidas, a egresados y docentes de la licenciatura en turismo, docentes de turismo de UTU, y egresados de formación docente o de la licenciatura en astronomía o ciencias afines. El Observatorio también brinda asesoramiento técnico para medir el brillo del cielo nocturno en una localidad dada, evaluar su calidad astronómica, y contribuir a la preservación de este recurso natural único», concluye.

Alejandro Pereira, Andrea Sosa Oyarzabal y Alberto Ceretta, junto al Observatorio del CURE recién ensamblado (2016)

Diseñemos ciudades con redes lumínicas más eficientes, que aprovechen mejor la energía y derrochen menos recursos, promovamos el astroturismo para preservar zonas de la contaminación lumínica al mismo tiempo que fomentamos su desarrollo socio-económico. Acciones coordinadas y en conjunto pueden llevarnos a disminuir este problema y, ojalá, en alguna futura Semana de los Cielos Oscuros encontrarnos frente a un mejor panorama.

Agradecemos la disposición de Andrea Sosa Oyarzabal para charlar con nosotros acerca de esta iniciativa.

Material extra para seguir leyendo, recomendado por la entrevistada

“Atlas Mundial del Brillo Artificial del Cielo Nocturno”, 2016. Falchi F. y colaboradores.

“Guía Práctica de Iluminación de Exteriores” para un alumbrado eficiente y el control de la contaminación lumínica, elaborada por las Oficinas de Protección de la Calidad del Cielo de Chile y Canarias

“Globe at Night”, (El Globo en la Noche)

“Quality Lighting Teaching Kit”, (Kit de Enseñanza en Calidad de Iluminación)

“Turn on the Night” (Encendé la noche)

“Cities at Night” (Ciudades en la noche)

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